La Gripe de 1918 en los medios Confederales

La famosa epidemia de gripe de 1918, llamada “gripe española”, apareció por primera vez entre los soldados estadounidenses que iban a las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Debido a la gran movilidad de tropas de aquellos días la enfermedad pudo extenderse con gran libertad entre nuevas poblaciones. De esta manera mató la friolera de 50 millones de personas en todo el mundo. Se dice rápido. Constituye un poderoso ejemplo de lo potencialmente destructiva que es una pandemia. 

Al Reino de España la enfermedad llegó entre abril y mayo de 1918. Se dice que al no existir una censura en la prensa, los medios españoles informaron de la epidemia a las pocas jornadas de su aparición. Por ello en un principio se pensaba que la enfermedad venía de España y se había contagiado hacia Europa, cuando fue al revés. Por contextualizar la enfermedad, esta tuvo un rebrote en septiembre y octubre de 1918 que fue la época con mayor mortalidad. Y más tarde otro repunte en febrero de 1919, que duró un par de meses. Por último, en 1920 hubo otra oleada de la epidemia. En total murieron alrededor de 150.000 personas en España y el año de 1918 fue el único hasta la Guerra Civil en el que la población total del país descendió.  

Pero lo cierto es que la epidemia llegó a una España que a duras penas sobrevivía a la miseria. La prensa de la época destaca los aciertos de las autoridades, como por ejemplo, la organización de brigadas de limpieza o el cierre de las escuelas. Pero siendo realistas, la mayoría de la infancia apenas pisaba una escuela, teniendo que ir a trabajar desde edades muy tempranas. Las organizaciones obreras no pudieron preocuparse de la enfermedad y la solían atribuir a las pésimas condiciones higiénicas en las que vivía la clase obrera. De esta forma los sindicatos catalanes afectos a la CNT celebraron el Congreso de Sants, en el verano de 1918 (cuando la primera oleada de la epidemia había remitido) y la UGT celebró su congreso nacional en Madrid en octubre de 1918 (en pleno rebrote de la enfermedad). 

Hay que entender que no se descubrirían los virus hasta 1935 y que la clase obrera del momento conocía los efectos del cólera, de la tuberculosis, de las diarreas y fiebres, del tifus, la polio o la viruela. Cada epidemia se cobraba las vidas de miles de personas, y se cebaba especialmente con las capas sociales más pobres. Pobreza y falta de higiene suelen ir íntimamente unidas y ésta una de las razones de la alta tasa de mortalidad. A este factor se le puede asociar el hambre, que acompaña los períodos de crisis, y 1918, lo era. Europa vivía los últimos coletazos de la “Gran Guerra” y las fábricas iban echando el cierre. Esto agravaba la situación de las familias que veían un futuro incierto. Las continuas muertes iban dando pie a procesiones religiosas y a oraciones públicas “por nuestros pecados”, como había tenido lugar durante las epidemias anteriores. 

Pero también hay que tener en cuenta que se da en un período de altísima conflictividad política y social, como es el final de la guerra europea. La pandemia se cobró millones de vidas en Europa siendo el marco en el que se dieron las revoluciones de 1918-19. No es nada descabellado considerar que la gripe fue un factor más del estallido huelguístico de 1919 en Cataluña, que se abriría con la famosa huelga de La Canadiense en febrero de aquel año. 

En Solidaridad Obrera aparecían cada día publicadas noticias referentes a la epidemia. Se hablaba de muertos cada día, en las calles de Barcelona y también en los pueblos españoles. Se constataba la muerte de doctores, el traslado de sanitarios desde unos lugares poco azotados por la enfermedad hacia otros más necesitados. Y se notificaban protestas ante el abandono sanitario de la villas y ciudades. Es un contraste evidente hacia lo que decían las autoridades que estaban haciendo. Es obvio que no hacían lo suficiente. El pueblo exigía el cierre de locales insalubres o establecimientos alimentarios que provocaban fuertes olores – recordemos que no se sabía exactamente de donde venía la gripe. La propia Solidaridad Obrera respondía a un artículo que delante de su local se vendían plátanos medio podridos. Otro factor eran las aguas sucias de las ciudades que proliferaban después de los días de lluvia o de aquellos riachuelos y rieras urbanas totalmente insalubres de la época industrial. 

Además se constata el colapso de los hospitales y de las pompas fúnebres. En este caso hubo una huelga en Barcelona producida por el despido de 21 trabajadores por protestar ante las durísimas condiciones que tuvieron que afrontar. El Sindicato de la Madera hizo suya la protesta y convocó una huelga del sector en octubre de 1918, que ganó en pocos días. También los ebanistas de Valencia hicieron lo propio. En el caso barcelonés se constata la pérdida – por gripe – de José Escofet (15 de Octubre), uno de los principales militantes del Sindicato de la Madera. Otros ramos también hicieron huelga (caldereros en cobre, tranvías, Casa Girona, fabricantes de carros – todos de Barcelona, vidrio de Gijón, mineros asturianos, campo andaluz, empresas de Terrassa, Mataró, Sabadell, Sitges, etc.), en aquellos tiempos sin confinamientos. Incluso estuvo rondando por Barcelona una huelga de alquileres impulsada por la Unión de Inquilinos (con local social en c/ San Pablo, 83) ante el encarecimiento de los pisos y habitaciones. Las reivindicaciones eran similares: además de los precios las quejas eran por pisos sin retretes ni agua corriente.

Cuando hicieron públicas estas peticiones a los propietarios, éstos las recibieron con carcajadas mientras el Ayuntamiento se encogía de hombros. Las propuestas de las organizaciones obreras eran totalmente lógicas. No discutían la necesidad de ir a trabajar. Están en una época donde quien no trabaja no cobra. Se pedía trabajar menos horas para tener más fuerzas para afrontar la epidemia, ya que se pensaba, con razón, que la falta de fuerzas debilitaba los cuerpos y los hacía blancos fáciles de la enfermedad. También se pedía que se instalasen lavabos en los talleres para lavarse las manos. Otra petición era instalar cocinas en las empresas para poder comer caliente. Lo normal era comer alimentos fríos sentados en el suelo. Además se incidía en mejorar la ventilación en los centros de trabajo, que solían estar cargadísimos de polvo en suspensión, microtejidos o humos. 

En Valencia la Sociedad Vegetariano Naturista se ofreció al gobernador de la provincia para prestar auxilio a los enfermos de gripe. El ofrecimiento fue rechazado por la Junta de Sanidad por cuestiones morales. Hablamos de la mal llamada moral cristiana, claro está. El movimiento higienista, naturista o vegetariano se fue extendiendo poco a poco, en parte debido a esta epidemia, de la que acusaban directamente al estado por haber fracasado en velar por la salud pública. También acusaban a la ignorancia de la población por no saber combatir la enfermedad, que entendían que se resolvía con dietas vegetarianas. 

En resumen, en 1918, la epidemia fue un factor más en un mundo en plena convulsión. Esta sería una diferencia con nuestra pandemia actual: el coronavirus es el “shock”, mientras que la gripe de 1918 se daba en medio de otros “shocks”. El fin de la guerra mundial produjo una honda crisis económica y el fantasma de la revolución recorrió el mundo. No sabemos a ciencia cierta la influencia de la gripe en las revoluciones de la época. Solo se conoce que tuvo impacto en Brasil como preludio a su insurrección (los burgueses se fueron a sus lujosas villas, mientras el proletariado moría a millares). Es conocido que tras una epidemia la vida cobra un nuevo valor y esto da pie a nuevas luchas sociales antes impensables. Veremos lo que nos depara esta pandemia que vivimos. 

Miguel G.

@Blackspartak

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